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Concurso de acreedores: la clasificación de los créditos

Uno de los aspectos importantes cuando nos vemos inmersos en un procedimiento concursal es el de poder determinar con claridad cuál es la clasificación de nuestro crédito contra la concursada.

La Ley 22/2003 de 9 de Julio, Concursal (LC), regula la clasificación de los créditos concursales en los artículos 89 y siguientes.

Los créditos concursales se clasifican en privilegiados, ordinarios y subordinados. Asimismo, los créditos privilegiados se clasifican en créditos con privilegio especial y créditos con privilegio general.

Los créditos con privilegio especial, recogidos en el artículo 90 de la LC, son aquellos que afectan a determinados bienes o derechos como pueden ser los garantizados por hipotecas, los contratos de arrendamiento financiero, los garantizados con anticresis o los créditos refaccionarios, entre otros.

Los créditos con privilegio general, recogidos en el artículo 91 de la LC, son aquellos que afectan a la totalidad del patrimonio del deudor y destacaríamos los créditos salariales por sueldos e indemnizaciones en las cuantías reglamentariamente estipuladas, las retenciones de Hacienda y Seguridad Social, el resto de créditos de Hacienda y Seguridad Social hasta el 50% de su importe, y los que supongan nuevos ingresos de tesorería, entre otros.

Hay que resaltar que los créditos privilegiados tienen el derecho de abstenerse del convenio y no computan para el cálculo de las mayorías sobre el pasivo que se necesitan para la aceptación de una propuesta de convenio.

Los créditos subordinados, recogidos en el artículo 92 de la LC, son aquellos que gozan del menor grado de protección y, por tanto, los últimos en la línea de cobro dentro del procedimiento concursal. Entre ellos destacamos aquellos créditos que han sido comunicados de forma tardía a la administración concursal, los recargos e intereses, salvo los correspondientes a los créditos con garantía real, las multas y sanciones, y los vinculados a personas especialmente relacionadas con el deudor, entre otros.

Como hemos indicado, para satisfacer los créditos subordinados se requiere que con anterioridad se hayan satisfecho la totalidad de los clasificados como privilegiados y ordinarios.

Se entenderán clasificados como créditos ordinarios aquellos que no se encuentren calificados en esta Ley como privilegiados ni como subordinados, según dispone el artículo 89 de la LC.

Es, por tanto, muy importante saber cuál es la naturaleza de nuestro crédito, puesto que un mismo acreedor puede tener distintas prioridades en el cobro de su crédito en función de la naturaleza de la deuda, así como una posición distinta en cuanto al derecho a voto para aprobar el convenio y conocer si ciertos acreedores están obligados o no a seguirlo.

Revista jurídica y financiera Ref.710595 (14/01/2016)
 

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