¿Como funcionan las Bolsas de Valores?
1- Introducción
Las Bolsas de Valores son mercados multilaterales en los cuales se
reúnen diversos intereses de compra y venta sobre instrumentos financieros,
altamente censurados en cuanto a publicidad, transparencia, autorizaciones y
condiciones de intervención de los operadores por la Comisión Nacional del Mercado
de Valores (CNMV).
No se trata de mercados tradicionales, con objetos de comercio tangibles y directos. En este tipo de mercados, los inversores compran y venden elementos ficticios confiados en los datos que
refleja el monitor, o bien a través de creencias o informaciones sobre hechos
que aún no han sucedido y que, en caso de suceder, lo harán a miles de
kilómetros de donde se encuentra el centro bursátil. Como consecuencia de la
abstracción que reúnen estos mercados, las operaciones de compra y venta pueden
realizarse desde cualquier lugar del mundo, siempre y cuando el ordenante pueda
comunicarse con el ejecutor.
2- Dinámica de las inversiones
Antes de empezar a analizar el funcionamiento bursátil, es necesario
identificar cuales son los agentes y operadores del mercado.
En primer lugar esta el inversor, que puede
ser o bien un pequeño ahorrador o bien un consejero conocedor, o bien una
entidad financiera (fondo, sociedad de inversión, caja de ahorros...). Desde el
momento en que se posee una acción de una empresa cotizada, consideraremos al
adquirente como un inversor.
En segundo plano están los analistas , cuya
función es determinar cuales son los valores más rentables del momento,
teniendo en cuenta el negocio de la compañía en cuestión y la situación que
atraviesa el mercado donde la misma opera. En muchas ocasiones, sus
predicciones quedan reflejadas diariamente en la prensa, con ánimo de ayudar al
público más desinformado
En último lugar, se encuentra el intermediario
de las inversiones, el cual debe ser en cualquier caso un operador autorizado.
Éstos son los bancos y las empresas de servicio de inversión, las cuales
cuentan con “brokers” encargados de ejecutar lar órdenes de compra y venta de
valores por el importe deseado y así confiado por el inversor.
Así pues, el pequeño ahorrador que pretende negociar en el mercado de
valores, tan sólo debe dirigirse a cualquier intermediario financiero
autorizado, y confiarle el mandato de compra o venta (si ya posee activos).
Este tipo de compra directa de acciones cotizadas suele comportar ciertos
niveles de riesgo, que se acentúan cuando el inversor no responde a un perfil
de experto en la materia. Es por ello que existen los fondos de inversión, los
cuales, ofrecen generalmente una inversión duradera y con mayor estabilidad.
Sea cual sea la forma elegida por el inversor, el intermediario
autorizado llevará a cabo las órdenes recibidas, normalmente a través de
Internet, pues cada vez son más los operadores que abandonan los canales
tradicionales para hacer efectivas las operaciones; Actualmente, apenas un 1%
de la negociación bursátil diaria se efectúa en la misma sala de Bolsa.
3-
Factores determinantes en la inversión
Una vez examinados los agentes que intervienen en el mercado bursátil
podemos centrarnos en la propia inversión. Es decir, saber a qué índices o
parámetros debemos acogernos o, lo que es lo mismo, conocer los factores que
intervienen en la cotización de valores.
De la igual forma que ocurre con los mercados tradicionales, el valor
de un activo resta sujeto a la ley de la oferta y la demanda. En su virtud, los
activos que ostenten mayor demanda presentarán un valor superior (una mayor
cotización) respecto a los de menor suscripción.
Ahora bien, ante un mercado cuya oferta común y exclusiva consiste en
obtener rentabilidad económica,a qué responde la demanda bursátil
En primer lugar debemos fijarnos en los tipos de interés, es decir, en
el precio del dinero, a efectos de prever posible migraciones financieras. En
concreto, cuando bajan los tipos de interés suele haber una huída de capitales
hacia valores bursátiles,provocada por la baja rentabilidad de los activos de renta fija (activos con poco riesgo). A
“sensu contrario”, cuando suben los tipos de interés el dinero se encarece, y
la inversión estable se centra en los productos de renta fija (ofrecidos
mayormente por bancos y cajas de ahorro).
En segundo plano es importante prestar atención al nombrado IPC (Índice
de Precios al Consumo), que viene a ser el referente tenido en cuenta para
determinar el coste aproximado de los precios. En numerosas ocasiones se ha
asimilado al coste de la vida, y es por ello que debe contemplarse a efectos de
capacidad de ahorro familiar y flujo monetario. En principio, a mayor IPC menor
será la capacidad de ahorro-inversión de las familias y, consecuentemente, ese
descenso de flujos tenderá a favorecer una desaceleración de las cotizaciones.
Otro aspecto a tener en cuenta es el relativo a los resultados
empresariales. Así pues, una empresa cuyo beneficio interanual se haya visto
doblado, difícilmente pasará inadvertida entre el lobby inversor, pues
representa un valor al alza.
Por último, y en iguales condiciones, es necesario que todo inversor
esté al día respecto el panorama político internacional, observando cuales son
las tendencias políticas del momento. De esta forma, no sólo se obtiene un
acercamiento respecto nuevas ideologías, sino que además sirve de íter bursátil
en muchas ocasiones. Así pues, una declaración inminente de guerra, a pesar de implicar países ajenos, tendría una
repercusión negativa en las Bolsas mundiales. En sentido opuesto, un acuerdo
unánime y real del G-8 para promover las nuevas tecnologías, o las energías
renovables, favorecería un alza en la inversión de valores tecnológicos o
ecológicos.
En el supuesto de realizar una inversión acertada y encontrarnos ante
una situación de mayor cotización o rentabilidad, se plantean dos alternativas:
O bien vender los valores y obtener el correspondiente beneficio, previo pago
de las comisiones, o bien permanecer con la titularidad a efectos de una
posterior revalorización. Evidentemente, esa toma de posición atenderá al
perfil del inversor en clave de riesgo. Ahora bien, éste es el único camino
para obtener rentabilidad en Bolsa En absoluto. La
rentabilidad también puede obtenerse mediante dividendos, primas de asistencia
a juntas o incluso mediante ampliaciones de capital.
Cuando un pequeño ahorrador, sin conocimientos específicos sobre el
mercado de valores, pretende destinar parte de sus ahorros a obtener una mayor
rentabilidad, debe tener en cuenta que toda inversión bursátil es interpretada
en clave mundial y, consecuentemente, mediante índices macroeconómicos puesto
que no nos encontramos ante un mercado cerrado. De hecho, la rentabilidad de la
inversión nunca deviene segura en el momento de ordenarla, reduciéndose a un
juego de probabilidades los estudios realizados por analistas y expertos del
sector.